Fue condenado a doce años de prisión por abusar de su hijastra desde niña y embarazarla

Tiene 57 años y el martes fue hallado culpable de los delitos de “abuso sexual y corrupción de menores”. “Yo te voy a enseñar” le repitió desde niña a su víctima mientras la manoseaba. Cuando ella cumplió 16, los accesos fueron carnales.

Los jueces Carlos Jorge Giménez, Gregorio Augusto Busse y Ángel Dejesús Cardozo condenaron a un hombre de 57 años a pasar los próximos doce años en prisión por hallarlo autor de los delitos de “abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores” (artículos 119 y 125 del Código Penal Argentino).

El fallo fue leído tras la intensa jornada de debate en la sala de audiencias del Tribunal Penal 2, en el que ofició de acusador el fiscal Vladimir Glinka y como defensor oficial, Mario Ramírez.

De acuerdo a fuentes consultadas, el acusado llegó al juicio en libertad supeditada y durante la audiencia se desplegaron las pericias y voces, principalmente de la víctima directa, del extenso calvario que protagonizó el sospechoso.

La joven desde que era una niña (entre los 8 y 10 años) comenzó a escuchar las órdenes del concubino de su progenitora: “Yo te voy a enseñar, yo te voy a cuidar”.

“Las clases” cuando cumplió 12 se transformaron ya no en simple insinuaciones sino en manoseos de genitales directos. A los 14 los ultrajes ya fueron carnales y a los 18 el embarazo no fue interrumpido y la víctima era obligada a callar bajo expresa amenaza de muerte.

El silencio sin embargo se quebró, y la joven lo denunció ante el Juzgado de Instrucción 2 poco después de haber dado a luz. La causa llegó a juicio y el encartado tuvo garantizado su derecho de defensa.

Su relato, tanto en la denuncia como el ratificado durante el debate tuvo la misma contundencia. Fue “seducida” desde niña y luego atemorizada por quien debía cuidarla mientras su madre salía trabajar cada mañana.

En cuanto al acusado, los informes psiquiátricos y psicológicos lo definieron con buena salud, que comprendía la gravedad de sus actos. De todas maneras entabló un “régimen de seducción” y amenazas hacia la menor, hasta naturalizar la situación, forzarla a callar porque se había convertido en la figura paterna para la víctima.

Para los camaristas el desenlace fue unánime, abusó y corrompió a una menor e incluso no se frenó cuando ella quedó embarazada.

Fuente: Primera Edicion