La Rebelión de los Carpinchos y el debate que han desatado en Argentina

Los expertos intentan por estas horas encontrarle una solución al problema de convivencia que tienen los vecinos de Nordelta, en el municipio de Tigre, en Argentina, con las decenas de carpinchos (conocidos también como capibaras) que se pasean por sus calles y parques. No hay nada certero aún, pero los especialistas coinciden en un punto: relocalizar a los roedores no es la respuesta.

“El traslado de los carpinchos es muy complejo. No solo porque son muy grandes y no es fácil capturarlos, sino porque –y lo más importante– no se sabe adónde sería”, destacó a La Nación Argentina María José Corriale, doctora en Ciencias Biológicas e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Paralelamente, la cuestión no se resolvería con esa acción, alertó la especialista. La presencia de esos roedores volvería a estar en boca de todos porque los animales continuarían con su proceso de reproducción, ya que la zona es su hábitat natural y van a volver a ingresar.

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Foto: La Nación Argentina

“Para los Carpinchos hubo una pérdida importante de su espacio. Antes, donde estaba el barrio había un humedal, por lo que su traslado es prácticamente imposible”, resaltó Alejandro Inti Bonomo. “Habría que relocalizar a las personas si lo pensamos desde el punto de vista ecológico-ambiental”, agregó el director de la licenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

Enfatizó además en la importancia de que el Congreso Nacional avance con una ley de humedales que permita “gestionar esos lugares” y evitar que situaciones como estas se repitan.

El viernes, la Asociación Vecinal Nordelta (AVN), que administra los barrios, dijo en un comunicado que junto con la Dirección de Flora y Fauna bonaerense, la Municipalidad de Tigre y especialistas del Conicet trabajaban para buscar una solución que permita preservar el equilibrio ecológico.

Repercusión internacional

La problemática de los carpinchos en los barrios de Nordelta fue tomando más y más dimensión en la opinión pública durante la última semana, tras una nota publicada en un diario Nacional. Desde el ambiente artístico hasta el político, distintos referentes se expresaron sobre la activa visita de los roedores hasta convertirlo en un trending topic en las redes sociales.

Incluso la ministra de Seguridad nacional, Sabina Frederic, se refirió a la presencia de los carpinchos en la urbanización. “Es una manera en la que la naturaleza devuelve a las personas el daño que le hacen con emprendimientos inmobiliarios”, dijo la funcionaria.

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Foto: La Nación Argentina

La curiosa noticia cruzó las fronteras nacionales y hasta el diario británico The Guardian publicó una nota referida al debate.

Matías Arrigazi es licenciado en Ciencias Biológicas y fue tajante: “Levantar el barrio es utópico y hay que respetar la biodiversidad, entonces hay que buscar una solución de convivencia que contemple a ambas partes”.

Para Adelmar Funk, profesor de Ciencias Naturales y con 30 años de experiencia en el manejo de fauna, traslocar a los roedores sería “traumático”.

Como los otros especialistas consultados, Arrigazi opinó que el traslado de los ejemplares podría generar ciertos problemas con la población preexistente en las zonas de destino, ya sea de su misma especie o de otras. El movimiento de los roedores a cautiverio “tampoco es conveniente”.

“El daño para la fauna silvestre ya está causado debido a la intervención del hombre. La naturaleza se regula sola y, cuando los humanos se meten, se rompe el equilibrio”, alertó.

Propuestas a corto plazo

Para la investigadora Corriale, el primer paso que se debería tomar para minimizar las molestias por la presencia de los carpinchos, como los accidentes de tránsito registrados en Nordelta, sería por ejemplo reducir la velocidad en aquellas zonas donde se identifique el cruce de los roedores por la calle.

Reconocer los lugares específicos por los que los carpinchos ingresan a la urbanización permitiría, tal vez, colocar alambrados para evitar su paso.

“Por lo que pude ver en algunas imágenes difundidas, hay gente que comparte actividades con los roedores”, comentó Funk. Y prosiguió: “Habría que hacer ahora un trabajo inverso. Alejar a los animales, rechazarlos, con un plan elaborado que haga que los roedores busquen otros destinos”.

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