Conocé al Arasarí, el más chico de los tucanes de la Selva Misionera

Como te habíamos comentado en una columna de aves anterior, donde presentamos a los Tucanes, donde 5 de ellos habitan nuestro país y se encuentran en la provincia de Misiones, e integran la familia Ramphastidae que se dispersa por la región Neotropical con casi 40 especies. El Arasarí chico es uno de los tucanes más pequeños, con solo unos 30 cm de longitud y un peso estimado de  170 gramos.

A través de una alianza con Aves Argentinas, la centenaria organización ambientalista que impulsa su Programa Bosque Atlántico, compartimos en forma semanal algunos de los secretos sobre la biodiversidad de las especies de aves del país, y de nuestra Maravilla Natural Argentina, la Selva Misionera.

Hoy vamos a conocer al Arasarí chico (Selenidera maculirostris) y en las próximas columnas hablaremos de los otros miembros de la familia.

Esta bella especie, integra un grupo de Tucanes de pequeño tamaño y llamativo plumaje que incluye dimorfismo sexual, es decir macho y hembra presentan diferencias en su coloración, particularidad del género Selenidera, al que se los nombra como “Tucanetas”.

Arasari Chico Joaquín Ghiorzo

Su distribución está acotada al Bosque Atlántico, siendo entonces endémico de sureste de Brasil, este de Paraguay y como ya fue mencionado en Argentina, exclusivo de la  provincia de Misiones.

El Arasarí chico es uno de los tucanes más pequeños, con solo unos 30 cm de longitud y un peso estimado de  170 gramos. En el plumaje del macho dominan los tonos negros en cabeza, cuello y ventral; y oliva en dorso, alas y cola. Como marcas llamativas presenta una zona ocular verde, una banda auricular amarilla que se prolonga en el cuello dorsal, y las subcaudales rojas. Su pico, no tan destacado como en los otros Tucanes,  presenta un color marfil – celeste, más amarillento en la punta y entre 3 y 5 líneas verticales y negras, muy distintivas.

En la hembra predomina el color castaño oscuro, reemplazando al negro. Sus hábitos también son diferentes, ya que a diferencia de los otros miembros de la familia, este grupo es más esquivo y de comportamiento oculto, por lo que resulta difícil verlos en los estratos bajo y medio de la selva donde se mueve sigilosamente.

Vive en parejas, y en ocasiones en pequeños grupos, y a veces integran  bandadas mixtas. Es una especie escasa y poco conocida, pero se la considera  vinculada a sectores de selvas bien conservadas, donde se encuentran parches de palmitos (Euterpe edulis).

Su alimentación se basa en frutos principalmente del mencionado palmito y el ambay (Cecropia adenopus) y otros, también parece incluir en su dieta insectos y pequeños vertebrados como pichones de otras aves.

Como todos los Tucanes, cumplen un rol muy importante en dispersión de semillas dentro de la selva. Sus vocalizaciones son muy peculiares, en particular un serie repetida, áspera y ronca que suena groa…groa…recordando el croar de un sapo. Suelen alternar su canto entre sexos, pero a veces a dúo, mientras bombean enfáticamente el pico.

Conocé al Arasarí, el más chiquitín de los tucanes de la Selva Misionera

La mayoría de la información disponible sobre su biología reproductiva proviene del cautiverio. Su ciclo reproductivo en el sur de su distribución se daría entre octubre y enero. En el cortejo el macho suele ofrecerle frutos regurgitados a la hembra, mientras eleva la cabeza en alto exhibiendo el mechón auricular amarillo, a la vez que levanta la cola y la mueve lateralmente, mientras vocaliza.

Ocupa para anidar huecos en troncos de árboles maduros, a menudo aquellos construidos por Carpinteros. La postura es de 2 a 4 huevos blancos y la incubación dura aproximadamente unos 15 días, y es realizada por ambos sexos.

Los pichones son alimentados con frutos y pequeños vertebrados hasta los 55 días de vida. Al salir del nido, ya se diferencian en su plumaje, machos y hembras.

Si bien el Arasarí chico no se encuentra en peligro a nivel global, se lo considera como amenazado en nuestro país.  Y aunque se trata del Tucán más escaso, se lo puede observar aún, y con cierta facilidad cuando en otoño ocurre la fructificación del palmito en el Parque Nacional Iguazú, así como en la vecina Península de Andresito, donde Aves Argentinas ha consolidado una reserva institucional llamada “El Puente Verde”.

Por Damián Lozano y Alejandro Di Giácomo / Aves Argentinas