Tamara, la docente jubilada que convirtió su pasatiempo en emprendimiento

Tamara es docente jubilada, vive en Jardín América y convirtió su pasamiento en un emprendimiento

El don del arte puede llegar en cualquier momento, como en el caso de Tamara Sedoff (59) que se inició cuando se jubiló de la docencia, profesión a la que le dedicó largos años de su vida. Siempre atenta, servicial y con la felicidad de poder alegrar a una familia. No solamente hace cosas dulces sino que transmite dulzura por todo Jardín América, es su forma de llegar a la gente y fomentar esos valores a la comunidad y a quienes están a su alrededor. Lo que empezó como un pasatiempo se transformó en un trabajo.

Profesora de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales, siempre se preguntaba: “¿Qué voy a hacer una vez que deje mi trabajo?”. Esa inquietud se transformó en una respuesta haciendo huevos de chocolate para la Pascua.

“Yo había hecho un curso sobre chocolate en Brasil, cuando fui en una de mis vacaciones, pero lo dejé ahí. Al momento de jubilarme realicé huevitos de Pascua para mis nietos y mis colegas, no pensé que me iban a salir tan bien que me empezaron a pedir más”, recordó sobre lo que se inició como algo para la familia y amigos.

Así, de a poco, creció el trabajo, desbordada para épocas especiales como en cualquier parte del año. “La primera vez que compré chocolate a mi proveedora fueron cinco kilos y el año pasado llegué a comprar 40”, explicó a El Territorio desde su taller.

Además, Tamara comentó que tiene tres hijos y cinco nietos. “Mi nieta mayor cuando me visita me dice que va a ser mi heredera. Todos mis nietos me conocieron por el chocolate, no como docente. La más grande tiene 10 años y yo hace siete que estoy trabajando en esto”, reflejó mostrando sus creaciones con orgullo.

Tamara dedica ahora su vida a la artesanía con chocolate, se da el tiempo para fabricar y vender a la comunidad. “Empecé a realizarlos en mi cocina y comedor, ese era mi lugar de trabajo. Después de jubilarme mi hijo tenía un pequeño taller y lo refaccioné para mí y así logré abrir mi local. Ahora acá me falta espacio y quiero agrandarlo”, comentó ante el aumento constante de pedidos y buena repercusión que tiene su emprendimiento al que denominó El Jardín de los Chocolates.

La dedicación que ella misma demuestra se nota a simple vista.Fabrica alfajores, bombones, chupetines y luego los envuelve. “Misiones tiene un clima caluroso y húmedo, por eso sí o sí hay que envolver el producto, si no se echa a perder; con el tiempo también fui aprendiendo a como conservarlos más tiempo. Hay veces que se compra un chocolate, se abre la caja y no trae un envoltorio, eso es porque ese producto llega de otra provincia donde hace más frío y es un clima seco”, explicó sobre la producción.

Para la docente devenida en emprendedora, hoy el chocolate es su vida, cuenta que no extraña ir a las aulas y se alegra cuando un ex alumno le compra alguna de sus producciones. “Cuando arranqué fue con ese temor de si se va a vender o no y fueron justamente mis alumnos quienes hicieron correr la voz y vendí cada vez más”. Además, comentó satisfecha: “Llegué a vender a personas de otras localidades de la provincia e hice envíos a Entre Ríos y Chaco”.

Fuente: El Territorio