Cuatro policías imputados por el crimen de Víctor

El crimen de Víctor Márquez Dos Santos (16) se erigió como uno de los casos de gatillo fácil más crueles conocidos en Misiones y que conmocionó a toda la Argentina. No sólo porque fue asesinado por un arma de la Policía de Misiones arrodillado e indefenso en medio de la noche, sino porque su asesinato causó que su padre falleciera de angustia tras descomponerse en el velorio.

La causa tiene a cuatro efectivos de la fuerza provincial imputados:  Deibid Vergara (33), Rubén Núñez (43), Matías Acosta (31) y Mariela Cipontino. Vergara está en una cárcel con prisión preventiva por  homicidio agravado por su condición de funcionario público, mientras que los otros siguen el proceso en libertad acusados de encubrir el crimen.

El hecho ocurrió el 24 de agosto del 2019 y ahora llegó a una instancia clave. Según pudo saber El Territorio en base a fuentes con acceso al expediente, el juez Juan Manuel Monte, titular del Juzgado de Instrucción Dos de Posadas, giró la causa a la Fiscalía para que evalúe si está en condiciones de ser elevada a juicio.

Esto quiere decir que el magistrado considera que la investigación está agotada y que no hay elementos de prueba que incorporar. El fiscal Christian Antúnez Nerenberg es quien debe analizar los cuerpos y pedir que llegue a debate o, de lo contrario, alguna medida que considere necesaria antes de cerrar la instrucción.

Se cree que pronto habrá novedades al respecto, aunque la elevación a juicio puede ser apelada por las defensas.

“Si está, va a caer”
Al cumplirse el primer aniversario del crimen, el abogado Mauricio Hadad, representante de la familia de Víctor -constituida como querella-, dijo a este medio que esperaban con ansias la elevación a juicio y adelantó que iban a plantear que los efectivos que siguen el proceso en libertad sean acusados de partícipes necesarios del crimen.

“Porque el móvil lo conducía un efectivo, porque iban efectivamente a encontrarle a Víctor y porque hay un elemento en las pericias a los teléfonos que nos hace entender que ya había una especie de animosidad contra Víctor. Por lo tanto, es algo que de alguna manera se venía planificando y los efectivos son parte de esto, al menos algunos de ellos. Sabían de este hecho y sabían de una animosidad preexistente de Vergara contra Víctor”.

El elemento al que hizo entonces referencia el letrado tiene que ver un mensaje que mandó Vergara – el acusado del crimen-  a Acosta y que fue relevado por El Territorio de forma exclusiva. “Haceme el aguante que si está va a caer”, le envió el jefe del operativo a su colega.

De los registros también surge que ambos hablaron meses antes de un Dos Santos, a quien sindicaron como una persona que vendía estupefacientes. Los mensajes se dieron porque ellos tenían la intención de formar una minibrigada antinarcóticos en la localidad.

Sin embargo no se sabe a ciencia cierta si estaban hablando de Víctor en ninguna de las dos ocasiones. Tampoco quedó establecido de forma contundente en el expediente que el joven se dedicaba a la venta de droga, versión que instalaron los propios involucrados, quienes durante una semana investigaron el crimen, tomaron testimoniales e incluso estuvieron en el velorio del joven consolando a sus cercanos y prometiendo que iban a encontrar a los culpables.

Además de esto, los elementos más contundente son la declaración de Cipontino – admitió el hecho y destrabó la investigación luego de una semana – y las pericias de balísticas que hicieron la Policía de Misiones y la Gendarmería Nacional, donde se confirmó irrefutablemente que la bala que apagó la vida de Víctor salió desde el arma reglamentaria de Vergara.

En tanto, un testimonio ubica al patrullero saliendo de la escuela a la hora en la que se cree ocurrió el homicidio y otra pericia de GNA estableció que el libro de guardia de esa noche había sido alterado.

La reconstrucción
“Tengo un dato”. Con esas palabras el oficial Deibid Vergara (33), efectivo de la Policía de Misiones con prestación en Santa Ana, conformó una comisión policial con sus tres colegas de la guardia y salieron la noche del crimen en el patrullero de la fuerza.

Lo que se sabe en base a los elementos del expediente y la declaración de la única mujer del grupo, es que el móvil rodeó la Escuela Normal 10 con las luces apagadas y se detuvo en una de las calles laterales cerca de las 3 de la madrugada. Entonces Vergara se bajó y caminó en medio de la oscuridad unos 50 metros.

El lugar donde se cree que mató a Víctor es una calle terrada que finaliza en la avenida principal de la localidad. Si el adolescente quería huir, esa era la única vía. A los costados de la arteria está el tejido perimetral del establecimiento escolar y del otro lado había entonces una espesa vegetación de unos pocos metros, pero que también finaliza con un alambre.

El patrullero estaba cerca de la otra bocacalle, con tres uniformados adentro.

Pero Víctor no ofreció resistencia ni quiso escapar. La bala 9 milímetros que salió del arma reglamentaria de Vergara ingresó por un ojo y literalmente le atravesó la cabeza mientras él estaba arrodillado y de espaldas a su ejecutor, tal y como lo indicaron las marcas de tierra en su ropa y el informe de la Secretaría de Apoyo para las Investigaciones Complejas (Saic) del Poder Judicial.

Al escuchar los disparos, los uniformados bajaron del móvil y fueron presurosos en dirección de Vergara, que ya estaba volviendo. Entonces, les dijo que allí no había pasado nada y los amenazó de muerte. A ellos y a sus familiares, a quienes dijo que conocía.

El silencio, primero forzado y luego cómplice,  duró una semana hasta que por peso propio las inconsistencias, la verdad salió a la luz. No era un ajuste de cuentas ligado al narcotráfico, ni una pelea de adolescentes por cuestiones sentimentales como quisieron hacer trascender. Víctor fue víctima de un gatillo fácil y los responsables están cada vez más cerca de rendir cuentas ante un Tribunal.

 

Fuente: El Territorio